domingo, 20 de junio de 2010

UBUNTU OPINA SOBRE LOS 25 AÑOS DEL FEMINISMO EN URUGUAY





A dos décadas y media de la reapertura democrática el grupo feminista Cotidiano Mujer lanza un concurso literario (en las categorías testimonio, crónica y ensayo) sobre el feminismo en Uruguay en estos 25 años. Un hecho que nos da la excusa para hablar de varios temas: qué ha pasado con el movimiento; cuáles son sus logros, reclamos y fracasos (legislativos, sociales y culturales); qué sentido tiene definirse como feminista en la actualidad; qué disparidades de género se modificaron o se perpetúan; por qué se expresan rechazos urgidos y tantas veces reaccionarios con la sola mención del “ismo”. Opinan feministas históricas, negras, legisladoras, académicas y simplemente convencidas.

“Los aniversarios actúan como impulso para hacer balances y proyecciones”, señala la convocatoria del colectivo feminista Cotidiano Mujer al lanzar un concurso de relatos para celebrar simultáneamente los 25 años de democracia y del propio colectivo. En estos cinco lustros, señalan, las mujeres se han construido como sujeto político y “actoras en la construcción de la igualdad”.
No sólo cambió la sociedad sino también el feminismo. En opinión de Cotidiano Mujer, hay diversos feminismos: “activistas, institucionales, populares, académicos, ecológicos, antiglobalización…”. Para este sector del movimiento, “la incidencia de las mujeres en las políticas públicas y la articulación entre los movimientos sociales y el Estado, constituyen ejes centrales de los debates democráticos hoy de la región”.
UN NUEVO SENTIDO COMÚN. “En estos 25 años han cambiado los sentidos comunes ciudadanos, y por primera vez es posible para las mujeres imaginar otra forma de estar en el mundo y otras relaciones más paritarias entre hombres y mujeres”, dijo Lilián Celiberti a Brecha. Para Celiberti, integrante de Cotidiano Mujer y de la Articulación Feminista Mercosur, “a pesar de la ‘neutralidad e indiferencia’ de nuestro sistema político y de representación, las voces de las mujeres lograron crear nuevas subjetividades y nuevas demandas democráticas que llevaron a hacer del aborto, el abuso y la violencia de género, entre otros, temas políticos y culturales”.
Por eso cree que el feminismo es un movimiento que “cuestiona, interpela y disputa sentidos teóricos y prácticos, políticos y epistemológicos”, o, recordando a Betânia Avila, “es un movimiento que quiere reinventar y radicalizar la democracia política y la democracia social”. En su opinión el activismo de las mujeres no sólo ha modificado la agenda política y social, sino que ha impactado “tanto en la organización y estructura del Estado y las políticas públicas, como en las subjetividades individuales de las y los sujetos”. Y agrega: “Estos campos de disputa definen la densidad democrática de una sociedad, pero las dimensiones de la libertad de las personas están en permanente tensión con los intentos de tutelaje político y cultural que se ejercen desde el poder”.
Desde una autodefinición como afrofeministas, Noelia Maciel y Karina Moreira, del colectivo Ubuntu (Formación para la Transformación Social Afrodescendiente), apuestan a “un diálogo intercultural y una apropiación del campo simbólico multicultural” para promover “el empoderamiento de las mujeres afrodescendientes”. Un colectivo de mujeres jóvenes que se encuentra en el cruce de las temáticas de género, étnicas y etarias.
Creen que a lo largo de estos 25 años “se ha avanzado en normatividad y en el potencial de posibilidades que abre para marcar agendas políticas y de transformación de nuestras condiciones de vida”. En el caso de las mujeres afrodescendientes, “hemos ganado en visibilidad y voz, dado el reconocimiento de la existencia de la diversidad en el movimiento de mujeres a través del incremento del protagonismo y la participación en los espacios de incidencia a nivel internacional”. En ese sentido destacan la creación de la Red de Mujeres Afrolatinoamericanas, Afrocaribeñas y de la Diáspora, como plataforma para la negociación de demandas y su inclusión en las agendas. “Esto da como resultado que las agendas, los discursos y las prácticas feministas se vean cuestionadas y complejizadas.” A nivel nacional entienden que se ha avanzado con la instalación del Departamento de las Mujeres Afrodescendientes en el marco del Instituto de las Mujeres.

HETEROGENEIDADES. Como apunta Celiberti, una de las características del feminismo es su diversidad, que va desde lo social hasta las distintas perspectivas que asumen las mujeres identificadas con esa causa. Hablar de diferencias es destacar ciertas contradicciones. Para las mujeres afro, “uno de los debes del feminismo es reconocer la ciudadanía juvenil, ya que existe un conflicto intergeneracional latente que nunca se ha abordado en profundidad y que es visto por parte de las adultas como una demanda de relevo, cuando en realidad estamos exigiendo el reconocimiento como actoras políticas con una identidad particular”, sostienen Maciel y Moreira. “Lograr colocar los temas de las jóvenes dentro de las agendas políticas es promover y fortalecer la sostenibilidad de la lucha feminista.”
Ciertamente, las mujeres negras sufren una doble, o triple, discriminación: de género, de etnia y, por tanto, de clase. Quizá por eso enfatizan en “los procesos mediante los cuales se reproduce el racismo en la interna del movimiento feminista, perpetuando las relaciones coloniales”. Siguiendo la línea de argumentación de la escritora y crítica cultural británica Kum Kum Bhavnani, destacan la “invisibilización y supresión de los aportes de las mujeres negras en la producción de conocimiento”, que va de la mano de “la admisión nominal o simbólica de las mujeres negras aunque de forma limitada”. Eso se traduce en el convencimiento de la sociedad patriarcal blanca de “nuestra incapacidad de generar producción intelectual, que es uno de los más peligrosos mecanismos de perpetuación del racismo”. La conclusión es que “esta falta de pensamiento perpetúa la imagen hipererotizada de las mujeres afrodescendientes, que en nuestro país se reafirma en cada febrero con la imagen de la vedette, único espacio-tiempo en el que el consenso social habilita el reconocimiento de una identidad folclorizada”.
La demanda de las mujeres jóvenes afro empata con la posición de Celiberti en el sentido de que “para construir nuevos rumbos emancipadores es necesario cambiar la perspectiva de análisis y la mirada sobre los problemas, que es el principal campo de disputa política hoy”. Celiberti va más allá de la postura reivindicativa al preguntarse: “¿Qué Estado, para qué igualdad?”. Cree que la respuesta a esa pregunta es una prioridad que debe llevar a “pensar los problemas simultáneamente desde la perspectiva de género, cultural, ecológica, económica y social, lo que crea nuevas categorías y preguntas que desafían a cada uno de los campos tomados aisladamente”.

AVANCES, PERO. Dos afirmaciones pueden sintetizar los avances y los límites. “Las demandas de los movimientos sociales visibilizan problemas y conflictos que nos colocan frente a opciones de futuro para construir alternativas, pero fundamentalmente sociabilidad”, sostiene Celiberti al trazar una panorámica de todo lo que ha cambiado el país. “La cuestión de género se ha vuelto un tecnicismo en las esferas de gobierno, donde parece ser moda transversalizar”, aseguran Maciel y Moreira, y hacen hincapié en las trampas que con el patriarcado latente se colocan a cada uno de los avances. Ambas, sin embargo, no son contradictorias ya que reflejan aspectos de una misma realidad.
Quién puede dudar de que este país ha cambiado, desde una mirada de género; pero quién puede dudar de que aún guarda muchas similitudes con el que heredamos de los militares. Es cierto que la cuestión de género se ha enraizado en los discursos, pero más como una actitud “políticamente correcta” que como consecuencia de cambios culturales en la clase política. Pocas personas pueden dudar de la afirmación de las afrofeministas de que “las mujeres siguen siendo la mayoría en las bases y la minoría en los espacios más altos de toma de decisión”, y que buena parte de los logros “no han permeado o modificado las condiciones de las mujeres”, pero no sólo de las mujeres afro sino, en general, de las mujeres de los sectores populares.
Sin embargo esto es algo que suele suceder, entre otras razones porque el cambio cultural es lento, y recién palpable luego de varias generaciones. Y también es cierto que los privilegiados, en este caso los varones, en toda época y lugar adoptan las formas del discurso de los dominados (dominadas en este caso) para perpetuar los privilegios. Por eso no queda otra que promover “el fortalecimiento organizativo y el empoderamiento de las mujeres”.

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